Antes… la primavera “primera edad” se celebraba el 23 de septiembre y con ella significaba, a nivel cósmico, el recuerdo de la llegada de los “Hiperbóreos” la segunda raza que habitó la tierra. Esta civilización debió florecer hace más de 60.000 años durante el período interglaciar. Era un continente de leyenda “más allá del dios Bóreas”. Los griegos lo recordaban como la “Tierra del sol eterno”. Este lugar estaba en el ártico, sin embargo, no era glacial “en el interior del país reinaba un dulce calor en el que se aclimataba perfectamente una vegetación exuberante. Las mujeres eran de una belleza indescriptible. Las que habían nacido en quinto lugar en cada familia poseían extraordinarios dones de clarividencia”. Los habitantes de Hiperbórea son descritos en el “Libro de Enoc”: “Su carne era blanca como la nieve y roja como la flor de la rosa; sus cabellos eran blancos como la lana; y sus ojos eran hermosos”. Y continúa diciendo que en Thule, la capital de Hiperbórea, “vivían los sabios y los doce miembros de la Suprema Iniciación…”.
De los hiperbóreos se decía que eran inmortales, además de ser descritos como Dioses.
Los mitos y leyendas de la antigüedad recuerdan a una antigua tierra mágica, origen de la humanidad, y que podemos identificar como la antigua civilización de Hiperbórea.
En el Tíbet, antes de ser invadido por los chinos, en los templos, eran guardados una serie de viejos manuscritos que se referían a ese pasado remoto que afirmaban que Hiperbórea, la tierra mágica liberada del tiempo, fue creada por una raza superior.
Los hiperbóreos, según la mitología, participaban del conocimiento trascendente y a esta civilización la habían creado “dioses” venidos de las estrellas. Se les llamaba “ariyas”, de donde proviene la palabra “ario”, que significa “iluminado”.
Platón al tratar sobre la destrucción de la Atlántida, posiblemente se refería a una catástrofe acaecida con mucha posterioridad a la inmensa tragedia que afectó a Hiperbórea, en que parece ser que los divinos hiperbóreos se salvaron viajando temporalmente a otros planetas, tal vez Venus, Marte o Luna , en sus “vimanas” o “discos volantes”.
Por eso al llegar la primavera con su clima templado y el reverdecer de las flores y la belleza se recuerda a esa tierra mágica, en donde el amor y la armonía fue su lenguaje. Es el planeta quien recuerda esos tiempos, es la tierra como ser vivo se viste de colores, por ello, busquen un lugar alejado del bullicio y contemplen la salida del sol, vean como los pájaros un 23 de septiembre bailan y el sol agradece con un salto ese recuerdo llenando la atmósfera de energía vital el “prana”.
Cristina Diaz Gomez

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