Cuando desde el vientre rompemos un mundo, para ingresar a una sociedad desconocida, comenzamos a llorar. La necesidad de afecto compulsiva se aquieta cuando podemos experimentar la libertad. Todo aquello que nos rodea, se va acoplando como pequeños cofres o regalos de la vida. No podemos ser "yo" somos un nosotros continuo y mágico. No perdemos la madre ni el padre, lo desarrollamos dentro nuestro. son quienes nos acarician en sueño. No perdemos los seres mágicos de la infancia. Siguen aquí toda ves que los evocamos. Volvemos al mundo de niños en el instante que se nos ocurra. No perdimos la adolescencia, la integramos, vive con nosotros día a día. Hay momentos, que al atravezar las hojas del otoño, espantándolas con los pies aparecen los enigmas de un pasado con las risas y las ocurrencias de la secundaria. Dolores y placeres se dan la mano, otra vez nos arriesgarnos por los cerros cubierto de soles, hasta llegar al rio con los pies descalzos. Es la vida sembrada que florece, que nos trae el nuevo perfume con un lenguaje distinto.
Neurólogos, psiquiatras y psicólogos se adentran en el estudio del cerebro, experimentan con los sentidos, con la química biológica, con el acierto y el error Seguramente que descubren muchas cosas que ayudan a los seres humanos Esto es útil. Pero hay un espacio y un tiempo mágico para cada ser, y es cuando descubre que puede aprender mas allá de los libros. Desde la intimidad de una mente que trasmigró por siglos: DESPIERTA. Sabe... sabe porque está en este mundo. Es el momento en que desde su interior aparecen las claves de interpretación del inconciente. Puede descubrir que dicen los símbolos que lo acompañaron desde el inicio de la humanidad...¡¡¡Es libre!!!... experimenta la eternidad y tiene la certeza de que nada muere, que la vida tiene un sentido de inmortalidad. Es tiempo de callar, de ser humilde y contemplar los astros. Esa es la consigna y su expresión es el AMOR que fluye como un rio y disuelve los temores, las angustias y nos lleva a espacios abiertos, para contemplar la vida que se arremolina en destellos de luz.
Cristina Díaz Gómez

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